Un Viaje a Través del Corazón
Me he llegado a mudar hasta tres veces en un año (y no dentro de una misma ciudad). Me he mudado, incluso, cuando parecía que había encontrado un lugar estable como aupair, (con la familia nos mudamos juntos hacia otra ciudad)…
La mudanza se convirtió en una constante, un hábito arraigado que se aferraba a mí como una parte esencial de mi existencia.
Las veces que me he mudado por elección propia han sido menos frecuentes que aquellas en las que el universo me ha empujado. Me mudé porque lo deseaba, cuando decidí aventurarme a Alemania, China, Austria, y hasta cuando anhelaba regresar a Colombia.
El resto de veces simplemente sucedían, me sorprendían, me dejaban perpleja, porque justo cuando empezaba a sentirme en casa y cómoda en un lugar, debía dejarlo atrás.
¡Vaya mija, deje de llorar y haga su maleta!
No puedes imaginar la cantidad de posesiones materiales que he dejado atrás, aquí o allá. Ni la cantidad de personas que han pasado por mi vida, muchas de ellas deseando, en ese momento fugaz, que fueran parte de mi comunidad.
Partes de mi corazón se quedaron atrapadas en abrazos de despedida, en lágrimas de frustración, en instantes de puro gozo. Por un tiempo, llegué a sentir que me estaba desmoronando. ¿Cómo era posible que una chica como yo estuviera viviendo lo que mucha gente sueña: viajar, pero al mismo tiempo se sientiese fracturada por tener que soltar y no tener un lugar al que finalmente pudiese llamar hogar?
¿Cómo es posible que mis relaciones, por más que lo odiara, se redujeran a llamadas programadas a kilómetros de distancia, cuando siempre había soñado con tener a las personas que amo a mi lado, compartiendo lo más bello de vivir?
Me quedé con las fotos, los videos y las palabras, mientras mis pasos en el instante admiraban culturas, paisajes y momentos inesperados. Las personas se fueron ocupando, las horas tomaron peso y la vida siguió pasando.
¿Cómo aprendí a soltar?, me han preguntado más de una vez.
Todavía no tengo la respuesta.
¿Mudarme más de tres veces en un año, a diferentes ciudades o países?
Sí.
Aquí hay un recuerdo de una de esas veces…
21 de junio de 2023 (2016)
9:10 am
El Viaje.
Entre libros y zapatos, escribo sobre el viaje. Entre el final y el comienzo de otro capítulo, entre lágrimas y gratitud. Entre lo que era antes y lo que será después. El viaje. Mi viaje llamado vida. Lloro, intentando mantenerme fuerte mientras uno de los momentos más hermosos de mi vida se desvanece. Me enamoré de Vorarlberg, así como me enamoré la primera vez de Bonn, y luego de Munich. Me enamoré de las personas, del idioma, y sobre todo de la naturaleza, del ritmo de la vida, de la tranquilidad al poder tenerlo todo. Un cielo azul que se filtra a través de mis ojos mientras los abro para saludar al día. Las montañas. Un río. Un río que no dejó de escuchar mis plegarias. Un descanso. Otro descubrimiento sobre mi interior.
El viaje me ha permitido descubrir el tesoro más grande que un ser humano puede encontrar: su corazón. Porque la esencia de la vida reside en nosotros y el viaje externo solo nos confirma que hay mucho más por descubrir y crear.
Siete años.
Cada siete años, dicen, la vida se renueva, un nuevo ciclo comienza y aquí estoy, cerrando otro capítulo.
Durante estos siete años, mi mundo externo ha mudado de piel frecuentemente mientras mi mundo interno buscaba respuestas.
Este viaje ha sido una montaña rusa emocional. Personas a las que amé y deseé llevar conmigo en mi maleta, ya no están. Personas a las que tuve que soltar porque no había otra opción, personas a las que odié y luego perdoné. Personas…
Al final de este viaje, suelto con un poco más de dulzura, porque esta travesía me ha enseñado que solo puedo capturar momentos con palabras, imágenes o recuerdos. Porque, por más que deje un lugar y a quienes allí conocí, cuando regreso, nada es como lo dejé.
El viajero sabe que una vez que se va, no hay vuelta atrás. Ya no será parte de la cotidianidad conocida y poco a poco será olvidado y sacado de ese entorno, así como ese viento que pasa y sigue su camino: el viajero es percibido y pronto olvidado. ¿Y el viajero?, bueno, el también olvida y forja nuevas conexiones en su cerebro.
¿Qué sería de mi vida si no hubiera estado presente en cada momento?
Desearía volver atrás en el tiempo para poder rediseñar, para liberarme de culpas y pesos. O para agregar un poco más de amor o un poco más de silencio. Hay mucho que apresuré o que no apresuré. Hay mucho de lo que me arrepiento y mucho de lo que disfruté. Y hoy, hoy solo quiero agradecer, mientras mis ojos se llenan de lágrimas y mi voz interior me abraza y me permite ser y expresar.
– ¡Esta es la vida que elegí! – me repito, mientras mi cabeza dice: odio hacer maletas. Empacar. ¿Qué dejo atrás, qué desecho, qué llevo conmigo?
Con el paso de los años, deseo tomar menos y ofrecer más. Acumulé en exceso por años, empero ahora comprendo que el exceso es la mayor carga, la carga que no me permite disfrutar. Crea un peso innecesario que luego debo enfrentar u organizar. Es absurdo creer que en un momento todo es posible, porque luego vienen las pequeñas partículas a recordarnos esos momentos de más.
Siento que esta vida es una colección de experiencias, y cuanto antes aprendamos las lecciones, mejor y más seguros estaremos para caminar hacia adelante. ¿Hacia dónde? Aún no lo sé, pero espero que sea hacia lo natural, hacia la vida misma, hacia la luz y hacia la creatividad.
Y ahora te pregunto
¿cómo va tu viaje?
Lina Maria.





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